Iglesia de San Felipe Apóstol

El corazón histórico y espiritual de San Felipe del Agua

ATRACCIONES EN SAN FELIPE DEL AGUA

Ubicada en el centro del poblado, la Iglesia de San Felipe Apóstol constituye el punto de encuentro más importante de la comunidad y el eje alrededor del cual se ha desarrollado la vida social y cultural de San Felipe del Agua desde la época colonial. Su traza, de proporciones sobrias y muros de piedra caliza local, responde al modelo de las pequeñas parroquias del valle de Oaxaca levantadas por manos indígenas bajo dirección franciscana en los siglos XVII y XVIII.

El templo, dedicado a San Felipe Apóstol, da nombre al poblado y conserva una estructura de una sola nave con techumbre de madera, un altar mayor de estilo neoclásico y una torre campanario que marca el paisaje urbano de la comunidad. La sencillez formal del conjunto contrasta con la precisión artesanal de los retablos y con los pigmentos naturales usados originalmente en sus muros interiores, muchos de los cuales han sido restaurados por los habitantes para preservar su carácter original.

Más allá de su valor arquitectónico, la iglesia es el epicentro de una de las festividades más representativas de la zona, la Fiesta Patronal de San Felipe Apóstol, celebrada cada 1.º de mayo. Durante varios días, la explanada frente al templo se transforma en un espacio de convivencia y tradición, se levantan ferias con juegos mecánicos, se instalan puestos de comida regional y se presentan grupos musicales locales. La comunidad construye además un castillo monumental de fuegos artificiales, y los habitantes bailan los tradicionales toritos, figuras hechas de carrizo y pólvora que recorren las calles en medio de luces y música.

El festejo no solo honra al santo patrono, sino que también reafirma la identidad comunitaria de San Felipe del Agua, reconocido por su hospitalidad y por mantener oficios y costumbres que han sobrevivido al paso del tiempo. Entre ellas, destaca la elaboración artesanal de tortillas, una práctica transmitida de generación en generación que ha dado fama al poblado por la calidad de su maíz y por su método tradicional de nixtamalización.

Para los visitantes de CasaBlanca, la iglesia es un punto de referencia ineludible. A tan solo unos minutos a pie, ofrece una ventana al alma del pueblo: un lugar donde la fe, la historia y la convivencia cotidiana se entrelazan en un mismo espacio. Al caer la tarde, las campanas marcan el ritmo pausado del barrio y el eco de sus repiques se mezcla con el aroma del maíz tostado, recordando que la vida en San Felipe del Agua sigue girando en torno a su templo principal.